Está claro: somos más vagos y perezosos, y cada vez nos queremos mover menos. Si tu médico te receta ejercicios al aire libre para mejorar tu salud, tú te subes al coche y vas conduciendo con la ventanilla abierta.
Nuestra vida amorosa también cambia. Comienzas a apagar las luces por economía y no para propiciar un acercamiento romántico. En la mediana edad, las cenas a luz de las velas dejan de ser románticas, ya que no consigues leer el menú. Tu físico empeora: en lugar de peinarte empiezas a "acomodar" los pelos que te quedan. En la infancia solemos hacer muecas en el espejo. A diferencia de la infancia, en la madurez el espejo es el que se venga de nosotros. Puedes saber si estás en la mediana edad cuando todo aquello que la Madre Naturaleza te dio, el Padre Tiempo empieza a llevárselo. Dejamos de criticar a la generación más vieja y empezamos a criticar a la generación más joven. Además, como ya no tenemos edad para dar malos ejemplos, entonces pasamos a dar buenos consejos (y todos se cagan de la risa de ellos). Por fin sabemos todas las respuestas, pero nadie nos pregunta nada. Y si alguien en el cine se nos tira encima, es porque estaba buscando el pasamanos.
Así que, después de todas estas reflexiones, pensad en lo que sois, y en lo que os estáis convirtiendo, y haced algo para evitarlo.