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VARIOS TESTIGOS LUGAR CONIL, CADIZ SEPTIEMBRE-OCTUBRE DE 1989
Ante la sorpresa de medio mundo, la agencia de noticias Tass -por primera vez en su historia- daba a conocer un aterrizaje ovni, con descenso de tripulantes, en la ciudad soviética de Voronezh.  Este suceso eclipsó al "hispano".  En realidad, ambos acontecimientos se habían registrado jornadas antes.  El ruso, el 27 de septiembre.  El andaluz, dos días después; el 29.  Estos datos preliminares conviene tenerlos en cuenta de cara al cúmulo de insensateces y despropósitos que se escribirían con posterioridad
Mapa de los alrededores de Conil
Pues bien, el 16 de octubre, a los diecisiete días justos de producirse el "encuentro" de Conil, los "agudos ufólogos" del GEIFO (Grupo Español de Investigación del Fenómeno Ovni) ya habían encontrado una explicación “racional” y definitiva.  Y en otro alarde de prudencia y buen hacer se apresuraron a darlo a conocer a los medios informativos.  En la mencionada fecha, el Diario de Cádiz -en un ingenuo gesto de confianza hacia estos "estudiosos" del ovni- daba marcha atrás, de las informaciones publicadas con anterioridad, anunciando que "los extraterrestres de Conil eran simples operarios británicos que colocaban un cable telefónico".
La observación -según cuentan los testigos- se prolongó por espacio de una media hora.  Concluido ese tiempo, la "luz" se perdió en el horizonte convirtiéndose en un punto, hasta desaparecer.  El hecho, como es natural, conmovió a los muchachos.  Y al día siguiente, también a la caída del sol, retornaron al paseo, pero provistos de unos prismáticos de 7 x 50 aumentos.

- Y la "luz" se presentó a la misma hora y en idéntica posición: hacia poniente, estática y como a unos doscientos metros sobre el nivel del mar.  Nos pasamos los prismáticos y todos vimos lo mismo: una masa circular, encarnada y con cuatro focos blancos en el centro, formando un cuadrado.  Cada cierto tiempo emitía un destello.  Y a la media hora se alejó mar adentro, perdiéndose.  Y así ocurrió cada noche, durante catorce o quince días.  Siempre la mísma luz, puntual como un reloj y por encima del cabo.  Nosotros, incluso, permanecíamos en la playa hasta las diez o más, por si regresaba.

En ningún momento.  Al menos en esos quince días.

Y llegó el viernes, 29 de septiembre.  La noticia de la extraña "luna llena'' había transcendido a los círculos más íntimos de los testigos.  Como consecuencia de ello, esa noche se uniría al grupo un quinto observador: Lázaro.

Y a eso de las ocho y media, siguiendo la costumbre, fuimos a sentarnos en la playa, frente por frente al bar Los Corales.

De acuerdo con las mediciones efectuadas "in situ", la distancia entre el paseo Marítimo -lugar donde se levanta el referido restaurante- y el palo de arena sobre el que se situaron los jóvenes era de unos trescientos metros aproximadamente.

La marea estaba vacía y el litoral prácticamente desierto.  En la mar no se apreciaba barco alguno.  Y cuando apenas llevábamos unos diez o quince minutos distinguimos en lo alto un "semicírculo".  Tiramos de los prismáticos y descubrimos en el centro de la "media luna llena" otro grupo de focos, pero rojos.  Formaban una especie de triángulo.  Aquel objeto procedía del mar y cruzó en silencio sobre nuestras cabezas, rumbo al pueblo.  Y durante un rato estuvimos comentando el asunto...

- ¿Había aparecido ya la primera "luz", la que veníais observando cada noche?

- Sí, por supuesto. Ésa permanecía, como siempre, sobre el cabo.  Y al poco, una vez que desapareció el "semicírculo", sobre nuestra vertical apareció una tercera "luz".  No tenía forma o, al menos, no pudimos distinguirla.  Era un continuo destello.  Y en seguida nos percatamos de algo curioso: la “luz” que teníamos sobre nuestra cabeza lanzaba tres fogonazos (para que nos entendamos), y la "roja", la situada en el oeste, respondía con dos.  Y así continuaron, sin parar

Tres luces en el cielo.... ¿Ilusión, Fantasía o Pura Realidad?

- ¿Cuánto duró el "intercambio" de señales luminosas?

- Alrededor de media hora.

- ¿Se produjo alguna cadencia concreta?

- Variaba.  A veces una emitía dos destellos y la otra replicaba con tres.  Y al revés.  Aquello, sinceramente, nos emocionó.  Allí pasaba algo raro.  Y de pronto, calculamos que sobre las nueve, vimos en la orilla dos figuras, dos seres, dos individuos.

- ¿Lo visteis llegar?

- No. Cuando nos dimos cuenta ya estaban allí, a unos cincuenta metros y en la costa.  Metidos en el agua...

 

- En la misma orilla.

- ¿Se mojaban las vestiduras?

Las mujeres, generalmente mejor capacitadas a la hora de retener detalles, respondieron sin titubeos:

 - Sí, pero no parecía importarles. El agua, por supuesto, mojaba la parte inferior de la tela y suponemos que los pies. Sin embargo, en ningún momento levantaron las túnicas...

Y los extraños "seres" -según los testigos- comenzaron a caminar, saliendo del agua...

- Y se dirigieron hacia nosotros.  Tenían unos andares igualmente "raros", torpes.  Como si les costase avanzar.  Los brazos permanecían pegados al cuerpo.  En cuanto a las piernas, tampoco notamos que las flexionasen.  También es cierto que las vestiduras eran muy anchas...

Los jóvenes, aunque el nerviosismo no tardaría en flotar sobre el grupo, siguieron utilizando los prismáticos.  Ello les permitió captar un aceptable número de detalles.

En un primer momento nos alarmamos.  Era "gente" muy rara: altos, quizá de dos metros, con unas vestiduras blancas y hasta el suelo.  Las cabezas también eran blancas, sin pelo y sin caras...

- ¿Qué tipo de vestiduras?

- Algo parecido a las túnicas de los monaguillos: holgadas y con unas mangas que ocultaban las manos.

Al observarlos con los prismáticos, una de las mujeres, lógicamente asustada, sugirió al resto la "inmediata huida del lugar".  Pedro, sin embargo, más templado, rechazó la idea, deseoso de averiguar "qué era aquello"...

.."¿Y si fueran dos bromistas?" -sugirió Pedro G.

La idea no era del todo descabellada.

- ...Lo pensamos, claro está.  Podía tratarse de dos graciosos envueltos en una sábana.  Pero había "algo" raro que nos hizo rechazar esa posibilidad: el "blanco" de las túnicas era diferente al de las cabezas.

- ¿Por qué?

- El de la piel resaltaba con más intensidad.
 Decíais que aparecieron de pie, sobre el agua.

- ¿Pisaban la arena?

- La verdad es que no sabríamos decirte.  Aparentemente, las "túnicas" llegaban al suelo, ocultando los pies.

- ¿Y qué sucedió?

- Nada, que salimos corriendo.

- ¿Por qué?

- Al ver cómo se acercaban cundió el pánico.  Y nos retiramos...

- ¿Cuántos "pasos" podían haber dado los "seres" cuando escapasteis del primer "lugar de observación"?

- Quizá veinte o treinta.  Y de pronto se detuvieron y nos dieron la espalda. Y se quedaron mirando hacia la "luz" roja, la del puerto.

- Pero ¿cómo podéis recordar esos detalles si os encontrabais en plena "fuga"?

- No, cuando el grupo salió corriendo, los seres se pararon.  Y al detenernos fue cuando giraron y nos dieron la espalda...

- ¿A qué metros se encontraban de vosotros cuando emprendisteis la carrera?

No más de veinte.  Y no con pocas dificultades conseguimos que los ánimos se tranquilizaran y el grupo se situó a una distancia prudencial...

- ¿A cuanto?

- Un poco más allá: alrededor de treinta metros.

- Supongamos que no os hubiera entrado el miedo. ¿Qué creéis que habría sucedido?

- Ni idea.  Lo que está claro es que se dirigían al grupo.

- ¿Percibisteis en ese avance alguna actitud hostil?

- No, pero las figuras (idénticas en todo, parecían gemelas) eran impresionantes.

- Y mientras permanecían de espaldas. ¿Cómo eran esas "espaldas"?

- Igual que el frente.

- Entonces, ¿cómo sabéis que se hallaban de "espaldas"?

- Porque giraron.  Y en eso fue cuando vimos caer lo que nosotros llamamos la "estrella fugaz".  Mientras "miraban" la "luz" rojiza del cabo, "algo" se precipitó hacia la playa.  Y a cosa de medio metro de sus cabezas se ''apagó'', desapareciendo.  Era pequeño.  Quizá como una pelota de tenis y de un color blanco-azulado.  Nos extrañó que "apareciese" a cinco o seis metros sobre los seres.  Y cuando creíamos que iba a chocar contra ellos, se esfumó en el aire.  Incluso nos agachamos, pensando que se nos venía encima.

Y nada más tumbarse vimos brillar una esferita azul celeste.  Y empezaron a pasársela de uno a otro. Y así estuvieron unos segundos. Quizá se la intercambiaron media docena de veces...

En esos críticos momentos, el que hacía uso de los prismáticos era Pedro G. Y súbitamente, se deshizo de ellos, huyendo del grupo.  El otro Pedro salió tras él, alcanzándole a los pocos metros.  Procuró serenarse, interrogándole sobre la razón de su precipitada carrera.  Pedro G. le explicó que había visto un tercer ser, a los pies de los dos que yacían en la playa.  Era mucho más alto que los que vestían de blanco -alrededor de tres metros-, totalmente de negro y con una enorme y monstruosa cabeza en forma de pera invertida.  Con muy buen criterio, ninguno de ellos comentó el asunto con los tres restantes.  Se reintegraron al grupo y Pedro, haciéndose al momento con los prismáticos, buscó en los alrededores de los que permanecían tumbados.  El resultado fue infructuoso.  Del tercer ser no había rastro alguno.

- ...¿Cómo es posible que sólo lo viera Pedro G.?

- Y les vimos alejarse hacia el pueblo.  Y cuando estaban a un paso del callejón que se abre junto a Los Corales ocurrió lo de la "niebla"... Miramos con los prismáticos y, sobre el agua, descubrimos "algo" que parecía una "nube".  Se acercaba a la costa a gran velocidad...

- ¿Qué fue lo primero que os llamó la atención de ese "nuevo" aspecto?

- El pelo.  Los de las túnicas eran o parecían calvos.  El hombre y la mujer, en cambio, tenían el cabello largo.

- ¿También el "hombre"?

-Sí, un pelo rubio.  La "chica" era morena.

-¿Cómo vestían?

- Ella con una falda larga y blanca y una blusa del mismo color. Él, con pantalón oscuro (quizás unos vaqueros) y una camisa igualmente clara.

-¿Marchaban calzados?

- La falda le cubría los pies.  La verdad es que no se apreciaba.  Y tampoco en el hombre.  Pero, a juzgar por las huellas que dejaron en la arena, ambos iban descalzos...

En beneficio de la cronología dejaremos para más adelante el interesante capítulo de  las huellas.  Porque la asombrosa historia no  había concluido...
Aspecto de los seres de "Túnicas Blancas" que aparecieron sobre el agua, en la playa de Conil
Otra Luz en el cielo.... ¿Nube, ilusión, truco o simplemente nave extraterrestre?

- ¿Cómo reaccionaron los seres?

- Ni se movieron.  Y nada más apagarse la "estrella fugaz" se sentaron en la arena y empezaron a excavar a su alrededor...

- Un momento. ¿No ejecutaron un solo movimiento ante la "caída" o proximidad de lo que llamáis la "estrella"?

- Nada.  Es más: tuvimos la impresión de que la estaban esperando.

- ¿Recordais la "forma" en que se sentaron?

- Normal.  De lo contrario nos hubiera llamado la atención.  Lo que sí podemos decirte es que se mantenían muy tiesos.  Sentados, pero rígidos.  Y los dos muy juntos.  Uno al lado del otro.  Y al remover la arena se apreciaban los movimientos de los brazos; mejor dicho, de las mangas.  Parecía como si, al formar aquellos montículos, pretendieran ocultarse.  Y al poco se dejaron caer de espaldas y esa "murallita" de arena les mantuvo semitapados.  Al dejarse caer de espaldas, los cuerpos se inclinaron "tiesos" como palos... Sin doblarse ni apoyar los brazos.
Reconstrucción del “hoyo” y la pequeña “muralla” de arena, en el que se tumbaron los dos seres de “túnicas” blancas. Al fondo, Conil. Señalado con la flecha, el lugar por el que la extraña pareja se introdujo en el pueblo.

-¿Cuánto tiempo pudieron emplear en la "fabricación" del murete de arena?

- Muy poco.  Alrededor de cinco o seis segundos.  Fue visto y no visto.

- ¿Seguíais con los prismáticos?

- Claro y nos los pasábamos sin cesar.  Y allí los comentarios eran de todos los colores... Que si los destellos, que si los seres, que si la arena...

- ¿Continuaba el "intercambio" de luces en el cielo?

- Sin parar.

A juzgar por sus declaraciones, en esos momentos de tensión, varios de los muchachos -presas del miedo y de los nervios- manifestaron sus deseos de alejarse de la zona.  Fue Pedro, más sereno, el que logró retenerlos.
El ser de negro, segn los testigos

En parte (pensamos) porque tenía los prismáticos y porque los demás estábamos pendientes de la esferita azul y de los "tíos" de las túnicas.

 - Habladme de la "esferita"...

- Parecía tener luz propia.  Azulada.  No emitía destellos.  Y era chiquita como una pelota de ping-pong.  Y de repente desapareció.  Y al poco (a los cuatro o cinco segundos), los que estaban en la arena se pusieron en pie.

Pero, ante nuestro asombro, se trataba de dos personas normales.  Uno, un hombre.  El otro, una mujer.  El primero, alto, con unos pantalones "vaqueros" y una camisa.  El segundo (la  mujer), con el cabello largo, una blusa y una falda larga.  Nos quedamos mudos.  Desconcertados.  Entonces se colocaron uno frente al otro.  Y acto seguido le dieron la cara al pueblo y arrancaron, caminando como si nada hubiera ocurrido.

- ¿Hicieron el típico gesto de sacudiese la arena de la ropa?    

- No. Ninguno de los dos.
- Ni hablar.  Eso lo vimos los cinco.  Eran dos seres con túnicas blancas.  Se tumbaron y, al levantarse, presentaban otro aspecto.

- ¿Caminaban con dificultad?

- Pues no.  Lo hacían como cualquier persona sana y normal.

- ¿Os miraron?

- Creemos que no.  Ellos siguieron sin detenerse y nosotros continuamos observándoles entre perplejos y atemorizados.  "Aquello" fue increíble.  Jamás habíamos visto cosa igual.  Sencillamente, se "transformaron".

- ¿Estáis seguros? ¿No pudo tratarse de una confusión?

 

El hombre que se alzó de la arena y que, segundos antes, era un ser de “túnica blanca”.

- ¿Qué clase de "nube"?

- Chiquita.  Blanca.  Quizá no tuviera más de uno o dos metros de anchura por tres o cuatro de alto.  Y al llegar a la orilla se paró.  Y ahí fue cuando distinguimos la figura del ser de negro.

En esos momentos, Pedro le arrebató los prismáticos a Loli, ratificando lo que había contado su compañero, Pedro G., al huir del grupo.

Allí, en la costa, apareció un gigante de unos tres metros de altura, con una especie de "mono" negro y una cabeza descomunal y blanca.

- ¿Y la niebla?

- Desapareció.  Luego entendimos que quizá el ser de negro se aproximó a la playa envuelto en una "nube".  Y durante unos segundos se quedó quieto, mirándonos.  E inmediatamente se "puso en marcha", alejándose hacia poniente.  Pero lo más increíble es que no tocaba la arena.  Se deslizaba a una cuarta del suelo, poco más o menos, y rígido como un poste de la luz.  No doblaba las rodillas y los brazos permanecían pegados al cuerpo.  "Aquello" no era correr... Más bien parecía "volar".

E inexplicablemente -incluso para los propios testigos-, Lázaro y Pedro G. salieron tras él.  Cuando les interrogué sobre la razón o razones que les habían impulsado a emprender la persecución, ninguno supo responder con precisión.

- ¡Que se nos escapa! comentaron.  Y acto seguido se lanzaron a una veloz e inconsciente carrera.  Una "persecución" que, como era de prever, concluiría tan brusca como rápidamente.

- Por mucho que corríamos -explicó Lázaro-, más corría él.  Y cuando estábamos a cincuenta o sesenta metros del ser escuchamos las voces de los otros (sobre todo la de Pedro), indicándonos que nos parásemos.  Y así lo hicimos.  Entonces é1 se detuvo también y se volvió.  Y le vimos la cara.  Lo que mejor recuerdo son los ojos.  Eran como dos huevos negros.  La cabeza, enorme, parecía una pera al revés.  Nos entró tanto miedo que dimos la vuelta y salimos "volando".

- ¿Podríais precisar su actitud al volverse?

- A mí -replicó Lázaro- me dio la sensación de que nos estaba avisando para qué no siguiéramos tras él

- Nos quedamos en la playa, comentando.  Estábamos confusos, asustados, hechos un lío.  Y poco antes de la diez vimos otra "cosa" rara: por la costa, de poniente a levante, cruzó una luz blanca y pequeña que se desplazaba en silencio y "saltando" en zigzag como una pelota.  Después llegó Juan Bermúdez y, con la ayuda de mecheros, nos dedicamos a rastrear la arena y a explorar las huellas...

En esta última fase de la historia, en efecto, participó un sexto vecino de Conil: Juan Bermúdez, corresponsal de la Cadena SER y excelente pintor.

- Yo tenía conocimiento de lo que venían observando cada noche -informó Bermúdez-, y ese viernes, como en otras ocasiones, me acerqué a los Bateles con el fin de reunirme con los muchachos.  Me contaron lo sucedido y les acompañé en la exploración de la playa.  Allí, efectivamente, descubrimos una enorme colección de huellas.  Tal y como contaron, a escasa distancia del agua se abría un hoyo de unos dos metros de longitud por otro de anchura, cercado por tres de sus lados por un pequeño montículo de arena que le daba una forma de "herradura".

“Dos de los jóvenes salieron en persecución del gigante negro”.

- ¿Se trataba de uno o dos hoyos?

- Uno, aunque tampoco puede hablarse de una concavidad propiamente dicha.  Lo que en realidad le daba apariencia de "hoyo" era la pequeña "muralla" de arena que lo rodeaba.

- ¿Se apreciaban señales de dedos?

- Bastantes.  Como si alguien hubiera arañado la arena, amontonándola.

- ¿"Arañazos"?

- Muy finos, como de unos dedos largos y delgados.

- ¿Y el resto de las huellas?

- Arrancaban del "hoyo" en dirección al pueblo.  Pertenecían a pies descalzos, de unos cuarenta y cinco centímetros de longitud por quince en la parte más ancha.  El puente daba la impresión de ser muy arqueado, con un dedo "gordo" enorme.  Entre una pisada y otra había metro y medio.  El extremo delantero de la huella aparecía más hundido que el resto, como si el cuerpo descansara sobre esa región.  Y la doble hilera partía del "hoyo", en dirección al  pueblo.

Las huellas dejadas en la arena por el "hombre".

 

- ¿Coincidía la trayectoria con el camino seguido por la "pareja"?
         
- Sí
          
- ¿Observasteis diferencias entre las pisadas de una y otra hilera?

- Ninguna.  Todas guardaban las mismas dimensiones y formas.  Y eso también es extraño...

- ¿Por qué?

- La mujer era más baja que el hombre.  En buena ley, sus pies debían de ser más reducidos.

Y a cien metros antes de llegar al callejón de Los Corales -según los testigos-, la doble fila de huellas desaparecía.

-...Hubo otra circunstancia que no hemos sabido explicar.  A unos veinte pasos del "hoyo" donde se tumbaron los "tíos" de las túnicas descubrimos un círculo, de unos diez metros de diámetro, repleto de pisadas.  Eran las mismas huellas: las de los pies de cuarenta y cinco centímetros.  Parecía como si los responsables se hubieran movido sin orden ni concierto en dicha zona.  Y nosotros nos preguntamos: ¿cuándo ocurrió eso?  El "hombre" y la "mujer" no se detuvieron en ningún momento.  Una vez "mutados" partieron del "hoyo" y se perdieron hacia la población.

- ¿Regresasteis al día siguiente?

- Claro, por la mañana.  Pero el agua y la gente las habían borrado........
Caso Ovni extraido del Libro "LA QUINTA COLUMNA" de J.J.BENITEZZ
- ¿Observasteis en esas dos semanas el paso o evoluciones de aviones de combate o de helicópteros?
Pero es hora ya de ir entrando en lo sucedido.  Luego al final veremos las conclusiones que llegaron los "agudos ufólogos" del GEIFO.  Vamos a ver tal y como fue narrado por los cinco jóvenes, todos ellos vecinos de Conil y cuyas identidades no se pueden revelar.  Sus nombres y edades, eso sí, son las siguientes: Isabel (diecisiete años), Lázaro (catorce y hermano de la anterior), Pedro (diecinueve), Loli (veintitrés) y un segundo Pedro (veintiún años y al que denominaré Pedro G.). Todos ellos muchachos y muchachas sencillos, sin antecedentes sospechosos de ningún tipo y considerados "gente normal" entre los círculos policiales
Todo comenzó a mediados de septiembre de 1989.  El flujo turístico de Conil empezaba a decaer y un atardecer, como tantos otros, dos parejas se presentaron en el paseo Marítimo existente a los pies del pueblo y paralelo a la kilométrico y ancha playa de Los Bateles.  Los jóvenes eran Loli y Pedro e Isabel y Pedro G. Y el paseo transcurrió con normalidad hasta que, a eso de las ocho y media o nueve de la noche -ya oscurecido-, "algo" reclamó su atención:
Todo comenzó a mediados de septiembre de 1989.  El flujo turístico de Conil empezaba a decaer y un atardecer, como tantos otros, dos parejas se presentaron en el paseo Marítimo existente a los pies del pueblo y paralelo a la kilométrico y ancha playa de Los Bateles.  Los jóvenes eran Loli y Pedro e Isabel y Pedro G. Y el paseo transcurrió con normalidad hasta que, a eso de las ocho y media o nueve de la noche -ya oscurecido-, "algo" reclamó su atención:
- Era una luz rojiza.  Se hallaba inmóvil sobre la zona del puerto, en el cabo de Roche.  Y a pesar de la distancia (desde nuestra posición en Los Bateles al espigón hay más de cinco kilómetros) la veíamos grande y redonda como un balón de fútbol.  Algo así como una luna llena, pero en una tonalidad rojizo-anaranjada.
Y la "mirada" del gigante de negro, por supuesto, surtió efecto.  Los dos muchachos se unieron al grupo, visiblemente afectados por la experiencia.  Y ahí, prácticamente, concluiría la "odisea".  El ser se perdió en la oscuridad y las "luces" que habían permanecido en lo alto, intercambiando destellos, desaparecieron igualmente.  Eran las nueve y media de la noche.
  - ¿Y qué ocurrió con el "hombre" y la "mujer"?
  - Los perdimos también.  Llevaban camino del pueblo; así que sospechamos que se confundirían con la gente.
- ¿Y qué hicisteis a partir de esos momentos?